Un beso quedó prendido
en el fondo del ocaso,
muriendo a orillas del mar,
no de amor sobre tus labios!
Cuando tu cuerpo desnudo
como la tierra, reclama
ser surco de mi simiente
y ser sed para mi agua...
Lo telúrico se viste
con la almendra de mis ansias.
Mis manos buscan el fuego
en la paz de tus caderas,
pero tu cuerpo se pierde
en lejanías y penas.
Mis dedos no hallan la ruta
que los lleva hasta tus senos
de caracola marina...
hecha sueño.
Mis labios están celosos
de la fruta que tu muerdes.
Mis pobres labios sedientos
de sus mieles.
En distancias, nos perdemos;
del Amor, somos gitanos.
¿Recuerdas mujer, la historia
del beso que en el ocaso,
murió perdido en el mar,
no en tus labios?
Ernesto R. del Valle.
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