domingo, 19 de enero de 2020

LA DIÁSPORA ARGENTINA


Supongamos que en un poema cualquiera
Se intentara un registro minucioso
De los amores
Los viajes
Los encuentros
Los almuerzos
Los lugares
Las fiestas
Las conversaciones
De todo aquello
Que pueda quedar inacabado
No dicho
En los tiempos por venir
Como si alguien estuviera escribiendo
Un diario
En un estilo telegráfico

Haría falta entonces
Dar a la palabra su pleno valor
Pues cada palabra
Es rica en sí misma
Y de ella puede nacer
El comienzo de una historia

Fue la palabra inicial
La encarnación misma
De nuestro sueño
Y su fracaso

Como sugieren los hechos
El amor no conduce
(Sino raramente)
A la realidad
Los que viajan
Viajan solos
Su pasión no logra alcanzar
(Sino raramente)
La realidad del otro
No suele ir más allá de su imagen
Que lo paraliza, irremediablemente
En una radiante contemplación

Cuando el fin se acerca
(¿De la vida?)
(¿Del amor?)
Ya no quedan
(Sino raramente)
Imágenes en el recuerdo
Quedan palabras
Palabras desplazadas
Comprimidas
Mutiladas
Palabras de otros
Y la palabra que dio origen a la historia
Será en breve “todas” las palabras...

Se cierne ahora sobre el mundo
Una época implacable
Nosotros la forjamos en parte
(Nosotros)
Que ya somos su víctima

Nuestro destino se parece
Al de un caballo ciego
Que tantea el terreno
Antes de dar el próximo paso
Cada porción de tierra
Cada mata de hierba comestible
Se hace sacra para él

Así también las palabras se sacralizan
Ante un peligro inminente
Las pocas palabras
Que en la confusión reinante
Aún conservan la virtud de ser claras
Y distintas

El pensamiento más fugaz obedece
Sin jamás sospecharlo
A un dibujo invisible
Nadie es alguien allí
El tiempo no rehace lo que perdemos

Así nosotros, exiliados del suelo seguro
(Que una vez pisamos)
Ansiamos la llanura inagotable
Que resuena bajo los cascos
El nuestro no es un mundo feliz
(Aunque bien podría serlo)
Es el mundo de la renuncia absoluta
A todos
Y a todo

En otras reclusiones
Yo habría cedido tal vez
A la tentación
De contar los días y las horas
En ésta he sido un niño
Una muchacha
Un loco
Un asesino
Un pájaro
Y un mudo pez
Obligado a camuflarse
En una continua metamorfosis tentacular...
El océano es un gran almácigo de formas

El mayor afán
De mi involuntaria servidumbre
Es haber dado una palabra al poema
(Que nos sujeta y escribe)
Y que en la sublime justicia del desastre
Ya no pertenece a nadie

Auguro a mi palabra
(Para no aparecer tan pesimista)
Ser arrastrada por el flujo y el reflujo
Del más llano y simple de los lenguajes
Que, como todo lo verdadero
Abarca lo perfecto y lo imperfecto:
Sólo los errores son nuestros

Eduardo Magoo Nico

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