Recuerdo como olían las ciruelas,
de noche, bajo el árbol de la esquina,
cuando el sol del verano se termina
y los astros parecen lentejuelas.
Recuerdo ver llegar las barquichuelas
-bajo tus párpados de golondrina-,
mientras mi corazón se arremolina
como otra gaviota por las velas.
Como llegan las sombras a la noche.
Como se apaga el día en mi ventana
y, a lo lejos, ¡los faros de tu coche!
Te recuerdo, Eva, con jersey de lana
y en vaqueros, poniendo a agosto un broche
¡de aromas y mordiscos de manzana!
Antonio Ramos -ESPAÑA-
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