jueves, 4 de agosto de 2016

LA SACERDOTISA ROJA


Llegaste sin avisar,
y de forma inesperada.
Pensabas conocer a una dama,
y yo esperaba a un pequeño.

Pero el destino dispuso
que nuestros papeles fueran
más profundos que el azahar
y que las almas sintieran.

De inmediato te prendaste
de mi mente inquisidora,
de mi alma soñadora,
y de mi estilo retante.

Yo vi en tus ojos el brillo
de aquella curiosidad
que causa en un hombre joven,
una mujer de verdad.

Porque no fue una dama
lo que te presentaron,
fue una bruja con alas,
y llena de libertad.

Nos dejamos enredar
por las fuertes emociones.
Yo disfrutaba de verte
desnudar tu alma ante mí,
y pronto me convertiste
en tu sacerdotisa roja.

Lamento tanto, moreno,
no poder corresponder
al amor que tú, sincero,
me ofreciste sin querer.

Y es que las brujas sabemos
que a veces en el amor,
es mejor alzar el vuelo
antes que llegue el desvelo.

No dudes que en mi alma
siempre tendrás cabida.
Y espero otra vez en la vida
con tu alma reencontrarme.

Yolanda Betancourt -Estados Unidos-

No hay comentarios:

Publicar un comentario