La casa vacilaba decantando impiedades,
alimentando deudos en las alacenas.
Ya veces en las tardes
se asomaban al patio, a la cocina,
ya rotos resplandores,
vestigios de sobrinos, de hermanos,
de plegarias.
La casa descansaba en sus trapecios
y cultivaba ausencias,
caldos exacerbados de cólera y deleite,
memorias o carbones cada día,
huyendo
de los días
cada día.
Máximo Simpson -Argentina-
Publicado en el blog elescribidor
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