(A tantas mujeres maltratadas)
Reconozco la marca
del oprobio en tu piel,
y en tu mirada
el hondo latir de la tristeza.
Reconozco en tus manos
la huella del escarnio,
de ese lento y constante
martirio que padeces.
Reconozco en tu cuello
esa invisible soga
que asfixia tus deseos;
que te aprieta y ahoga.
Reconozco también
en tus silencios
ese miedo a “vivir”
siempre bajo su sombra.
Del poemario LA LLAMA QUE ILUMINA de
MARÍA PAZ CERREJÓN LÓPEZ -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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