Nostálgicas presencias
que a veces sin ser convocadas
vienen a turbar la muerta rutina.
Son como instantáneas.
Aparecen de pronto ante nosotros
tras la cortina gris de una tormenta
al otro lado de un voraz incendio
en la fila del hipermercado
o allende los cristales de un acuario.
Y tratamos de asir desesperadamente
la esencia del recuerdo que despiertan,
el reflejo sutil de la memoria.
Mas al abrir los ojos
el paisaje ha cambiado.
Nada es ya lo que fue.
Las queridas presencias
se alejan como sombras hacia otros territorios
en los que acaso sea posible la palabra.
Más tarde, entre las sábanas,
seguiremos buscando la llave del enigma.
Pero el pasado no vuelve para nadie.
SERGIO BORAO
Publicado en el blog desiertosquehabiteoasisqueentrevi
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