Rodeo el sonido del aire
para darte un beso de jazmines y rocío.
Tú, ebria de olores y noches,
me recoges en tus labios y
me pides silenciosa
que beba de ti
pasiones y pétalos.
Quiero quedarme a vivir en tu boca,
aterciopelada y desnuda.
—Sí, quédate —me susurras.
Y mi alma voladora,
aleja sus furias
y se entrega a ti,
en presencia del aire.
Javier Úbeda Ibáñez- Zaragoza-
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