viernes, 23 de enero de 2015

AQUELLA VENTANA


Ya para siempre cerró
la ventana sus postigos.
Ya no se asoma la niña,
ni mira tras sus visillos.
Ya no acarician sus manos
la tersa piel de los vidrios,
ni de ella sus labios besa
del aire su cutis fino.
Al pasar la luna sigue
silenciosa su camino,
sin pararse a contemplar
de la ventana sus lirios,
ni el sol cuando pasa mira,
porque se siente aturdido,
ya que cerró para siempre
la ventana sus postigos,
al no asomarse más nunca
la niña tras sus visillos.

Guillermo Buenestado
Publicado en la revista Aldaba 26

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