Un cosquilleo de plumas
le sobrecoge al corazón.
Cuando sin la mesura
se desborda con una flor.
Viendo la paz nocturna
que transmite con su olor.
En su cierre y apertura
con la luna y sentir al sol.
Mostrando su alma pura
y lo hermoso de su color.
Donde polen y escritura
recrean versos de su amor.
Y donde abeja la busca
para extraerla fulgor.
Con primavera diurna
de un radiante esplendor.
Un cosquilleo me turba
al ver colorido frescor.
En una mañana oscura
y en noches de resplandor.
La primavera nos suma
en la matemática dos.
Pacifica criatura
y eternas rimas, de unión.
Amemos su estructura,
cuidemos cada rincón.
De ello depende la cura
de nuestra aflicción.
Un cosquilleo me turba,
cada vez que veo una flor.
En la tierra de su cuna
pidiéndonos paz y amor.
¡Por favor!
RICARDO CAMPOS URBANEJA
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