miércoles, 22 de octubre de 2014
CAMINATA
Tengo veintiocho años cumplidos
esta hermosa tarde que ahora desciende
por la avenida viento norte, Palermo,
pensando qué hacer con lo que resta.
Ya no soporto los gestos de Francisco,
según las circunstancias.
No me alcanzan las palabras de Luis,
el estudiante de izquierda
que me quiere explicar causa remotas.
No quiero más los proyectos comunes y promesas
que nunca les pedí, ni equivocada.
He visto y oído sus trabajos,
los oficios delicados, inútiles, vacíos,
humillantes o alegres, de los hombres amados.
Los adolescentes que se concentran
hasta la seriedad en mis piernas delgadas
apenas casi me entretienen.
Las amigas que recitan siempre,
hasta el cansancio,
comienzos o restos de aventuras
ocultas por el humo y sus caras mundanas,
no pueden disimular la soledad que las desborda.
Quedan, es claro, el arte y los paisajes,
pero una ha comprendido el mecanismo
y para qué engañarse en estos tiempos.
Veintiocho años al sol,
camino sostenida por esta escasa juventud
y la incipiente madurez de mis recuerdos.
Sólo deseo tomar un poco de noche,
cara al húmedo cielo,
jugar a la paz, al deseo, a la ternura,
tener una larga conversación sobre estrategia
con algún general que nunca hizo la guerra.
Del libro “Algunas vidas, ciertos amores” de EDUARDO ROMANO -Argentina-
Seleccionado por Rolando Revagliatti
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