Durante un segundo me sedujo profundamente la sola idea de tenerlo bajo mi merced, tan caliente que podía derretir la pared con solo mirarla. Era tan seductora…. Que la frené en seco. Por un momento, y de manera contundente, decidí en microsegundos que necesitaba que se sintiese igual a como yo me sentía desde hacía meses. Solté sus manos con indiferencia y continué mi camino. Al cerrar la habitación de mi cuarto le vi de rodillas, jadeando. Tan solo cerrar la puerta un soplo de arrepentimiento me invade por un instante, pero es lo justo dado su actitud despistante de los últimos meses. Escucho sus pasos a través del tabique que nos separa, habla solo, pasa del enfado al deseo con una facilidad asombrosa. Quizás aprenda algo de la capacidad que tiene una mujer de sufrimiento callado, el que más duele. Y dentro de ese dolor, la indiferencia es la manera más difícil de soportar. Acaricio el pladur que nos separa, entre jadeos, deseando que reaccione de una vez e irrumpa en mi habitación. Escucho como apaga la luz y mis esperanzas se difuminan. La rabia se apodera de mí. No seré yo la que esta vez tome de nuevo la iniciativa, como las últimas mil veces. Que me demuestre de lo que es capaz o saldrá de mi vida por la puerta de atrás. Mientras el sueño me vence lentamente, mi húmedo cuerpo aun da pequeñas sacudidas ante la excitación retenida de nuevo. Entre la penumbra escucho el sonido del picaporte que me separa del pasillo. Su cuerpo desnudo invade mi cama, sin apenas dejarme respirar, su boca calla cualquier sonido que pudiese emitir. Sus manos agarran fuertemente mi melena, mordiéndome ansiosamente los labios… eso es como mínimo lo que espero de él, pero aun necesito más…
ANNA LAFONT
Seleccionado por Martín Molina García
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