Aún quedan gotas en el aire
que al chocar con la luz
despliega el abanico
de sus siete colores.
Bajo él el humedecido campo
suspira entrecortadamente
dejándose acariciar
por los siete bellos colores.
Ha iluminado el cielo
que ahora se desprende
de un pesado manto.
Ha iluminado la tierra
que ahora se siente limpia
de humo y malos olores.
Del libro Los que danzan con el color de
JOSÉ LUIS RUBIO
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