Palabra encarcelada en la suma rígida de sus letras.
No me gustan las cifras pares;
la simplicidad de lo impar
me lleva a calles únicas,
sin dobleces,
con la individualidad
de ser eso,
no más que uno,
o todos,
pero desiguales y extraordinarios.
Y me atrae la suma impar que veo en la –máscara-,
el –brindis-, el –éxtasis-, el –corazón-;
en un –verso- bajo el –túnel- del –fuegoy
en la –magia- del –cenit-.
-Recuerdo- suena a poco;
sosegado y uniforme
entre las muecas casuales,
en el despojo de las causalidades remotas pero ciertas.
Y sobre la foto que nos contiene,
en el borde hipócrita y definitivo
del callado antifaz,
el idioma del –abandono-,
otra palabra par
que se desintegra en el valeroso intento de florecer
bajo las -trece gotaspuntuales
de mi fecha de nacimiento.
Me despojo de mí
y no soy más Teresa,
la del nombre aburrido y par,
soy la –mujer- sin rótulo
que acaba de nacer.
Y ya no se recuerda.
Teresa Palazzo Conti
Publicado en las revista Nevando en la Guinea 38
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