domingo, 6 de abril de 2014

EL GUÍA


Conocí a una mujer de cabellos rubios y ojos azules.
Sus piernas eran delgadas
y su figura esbelta.
Fumaba cigarrillos.
Los granos de su rostro
eran la antiestética denuncia
de su juventud.
Su nombre
no me era del todo desconocido.
Uno más para mi colección.
No me repudió la primera cita.
Un viajero siempre busca
unos brazos en los que cobijarse.
Recorrimos la ciudad.
Fui el anfitrión perfecto.
Poco a poco nos cubrió la noche.
La llevé hasta su casa.
¡Oh, Dama
de cabellos rubios
y ojos azules,
conviértete ahora tú en mi guía
y llévame por los senderos de tu cuerpo!
Desde las sensuales puntas de tus pies
hasta tus mullidas rodillas.
Desde las mullidas rodillas
hasta tus muslos de nieve y escarcha.
Desde los muslos de nieve y escarcha
hasta el valle de tu vientre.
Desde el valle de tu vientre
hasta las suaves colinas de tus pechos.
Desde las suaves colinas de tus pechos
hasta el cráter de tu volcán.
Desde el cráter de tu volcán
hasta los riachuelos de tus labios.
Desde los riachuelos de tus labios
hasta las escarpadas cumbres de tus nalgas.
¡Subamos a tu habitación de alquiler,
oh, Dama de cabellos rubios
y ojos azules
y guíame por los senderos de tu cuerpo!
¡Guía mi imaginación!
"Lo siento.
Tú no eres ningún viajero."

Del libro En pie de tregua de DANIEL GRANADO PULIDO -Cádiz-

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