Bajo tu vientre luchan las raíces
por una huella. En tus memorias chilla
una arpía, al rozarte una mejilla
un sátiro grotesco al que maldices
porque lavó tus piernas de varices
pero manchó tu sangre. Por tu arcilla
queda un hueco –que falta la costilla
de Adán-: que un dios hará que cicatrices
de amor bajo una cruz, sin que tu alma
encuentre nunca paz; porque te postro
ante tu Creador, te entrego preso
-como un centauro- a un Cíclope sin calma
que te tiene tatuados en el rostro
dos labios y en el corazón un beso.
Antonio Ramos Olmo -ESPAÑA-
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