El río se levantó de su cauce
y emprendió un vuelo sólido
luminoso
con alas de cristal humedeciendo el cielo.
En sus ojos llevaba
la mancha de la tristeza
y en su largo cuerpo
de serpiente antediluviana
brillaban las escamas
de un sueño ya perdido.
Subí a él
que era un ser vivo y consciente de sí
y recorrimos el mundo material
e inmaterial
visible e invisible
y “llegamos” a un “lugar”
que no era realidad ni fantasía
ni finito ni infinito,
y le llamo “lugar”
sólo por decir algo,
porque tampoco era un espacio
sin ser la Nada tampoco era Todo
y estaba hecho de lo mismo
que hizo volar al río
dándole vida.
Ambos nos perdimos
en ése “plano intemporal”.
El río se desvaneció allí.
dejándome solo.
Sin saber cómo
volví al mundo “conocido”.
Ahora hay un espíritu
que quiere “regresar”,
con ansia temerosa
a ése “Espacio”
tan vacío y tan lleno a la vez.
VÍCTOR DÍAZ GORIS -República Dominicana-.
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