lunes, 7 de abril de 2014

ATRACO LAS TRES CURSILLO ACELERADO PARA ATRACADORES NOVATOS


Para mí, como para casi todos nosotros, los años en libertad que siguieron a los transcurridos en prisión fueron muy duros. Quizás incluso, más duros que los pasados entre rejas, porque en la cárcel hay compañeros, pero afuera, la travesía del desierto la pasa uno solo. Cuando cumplí la condicional y aflojó el control, di el paso. Me calcé una media por la cabeza y con una pipa roñosa, pegué un par de palos a bancos que me salieron bastante bien, metí el dinero en una lata de galletas, la enterré en el monte y esperé seis meses a que el asunto se olvidara. Mientras, seguí viviendo en la miseria. Pasado aquel tiempo desenterré la lata, subí a un autobús y me largué a Benidorm. Como el resto de mis compañeros, había vuelto a delinquir. No me dejaron otra opción. Me salvé de la prisión, solo porque tuve suerte de que no me cazaran, si no hubiera sido así, hoy estaría con ellos tras los muros.
Pegarle un palo a un banco, es más fácil de lo que la gente supone. Yo, a todos los que andan jodidos a fin de mes para pagar la cuota de la hipoteca del piso o la letra del coche, les animaría a hacerlo. Además, moralmente, atracar a un banco, digan lo que digan los jueces y los curas, no es ningún delito, sobre todo después de lo han hecho sumiendo a cientos de miles de personas de este país en la miseria. Así que robar a estos ladrones me parece un acto de pura justicia. Porque son precisamente los banqueros, quienes careciendo de todo resquicio moral, no tienen pudor en hacer exhibición obscena, de las cantidades exorbitantes de dinero que ganan. Cuando veo a esas dinastías de usureros hacer gala de sus fortunas y a las putas de sus refinadas señoronas hacer obras benéficas, presidir mesas petitorias de la Cruz Roja, organizar rastrillos para los niños huérfanos o dárselas de protectoras de la cultura, las artes, la música o los animales, me resulta vomitivo. No se cortan ni por decoro ante la pobreza que invade las calles. Incluso presumen de ello en los medios, cuando en sus juntas de accionistas, el consejo presenta los flamantes resultados económicos de sus ejercicios, siempre superiores a los del año anterior. Pero allí no se dice cómo los han conseguido o si lo dicen, lo hacen con eufemismos que enmascaran la especulación en el mundo inmobiliario, el manejo de información privilegiada, las inversiones en países subdesarrollados empobrecidos para quedarse con sus mejores empresas a precios de saldo o los apretones a los clientes en el día a día, con hipotecas eternas que son otra forma de esclavitud, hasta embargarles sus pisos y dejarles en la puta calle. Y son estos mismos bancos, los que cuando necesitas de su apoyo, te contestan con un formulario impersonal, porque no tiene rostro, ni nombre, ni apellidos, ni alma. El día en que la gente comprenda de verdad, la profunda perversión moral del capitalismo, lo primero que hará es asaltar los bancos y pegarles fuego, pues son ellos, los que han hecho de la usura, el núcleo fundacional del sistema más perverso desde que el hombre pisa la tierra, porque no solo es desigual e injusto, si no que se esfuerza en convencernos de que es el que más nos conviene porque es el menos malo.
En fin, lo dicho. Si usted amigo lector anda jodido de pasta, no lo dude un segundo, péguele un palo a un banco, porque además de eliminar sus deudas y dejarle la mar de contento poniendo al día sus cuotas atrasadas, contribuirá a hacer justiciase y se quedará con una sensación espiritual cojonuda, aumentará su autoestima, el cielo le parecerá más azul y a lo mejor puede hasta ir a disfrutar del sol en Benidorm. Le puedo asegurar, que en esta ciudad, hay un montón de gente que lo ha hecho y se encuentra de puta madre, sin el más mínimo remordimiento, disfrutando del sol, la playa, la paella y la tortilla de patatas.
Un compañero con una dilatada carrera profesional como atracador, me hizo ver, que para asaltar un banco, solo había que dominar los nervios y echarle un par de huevos. Su experiencia y su docencia me sirvieron para dar el paso con seguridad, cuando tuve que tirar por la calle de en medio. A pesar del riesgo, no me quedaba otra, si quería tener una vida digna. No podía aceptar una libertad de paria, que me llevaría a terminar como un pordiosero arrojado en cualquier esquina. Le llamábamos El Dani y su última campaña carcelaria era el resultado del famoso asalto al Banco Central de Barcelona el 23 de mayo del 81, aquella desastrosa aventura en que las negras tramas de la extrema derecha golpista, se sirvieron de algunos delincuentes habituales, a los que después dejaron tirados. Un oscuro episodio más de la Transición, que ha quedado sin aclarar, perdido en las brumas de los pactos políticos entre partidos. Renegando de aquella aventura, que le había llevado de vuelta a la cárcel con un marrón de veintitrés años, la ponía en su docta explicación, como ejemplo de una coba desastrosa, que rompía con una de las reglas básicas del atracador profesional:
– Cuantos menos mejor… el ideal uno solo… y sin que por medio tenga nunca que ver la política… eso Alberto, es lo peor y lo más peligroso de todo…
– Cuando uno entra en un banco con una cacharra en la mano – me ilustraba El Dani – sea de verdad o de pega, si lo hace tranquilamente, la gente pilla tal acojono, que allí no se mueve ni dios… pero hay que escoger la sucursal con cuidado, no se puede ir al tun tun, no vale cualquiera… Si es en la ciudad, no debe ser muy céntrica… casi siempre es mejor un barrio periférico, pero bien escogido, en el que haya comercio y pequeña industria… En un pueblo grande es distinto, incluso hay sucursales que tienen más guita en movimiento, que en muchas ciudades… Por cierto, antes que nada, hay que asegurarse de que la sucursal tenga pasta.
– ¿Cómo que tenga pasta?... eso es lo único que hay en los bancos… ¿no? – respondí yo asombrado.
– No lo creas Alberto, no lo creas – me corrigió El Dani – pasta, lo que se dice pasta gansa, o sea, metálico, hoy, ni los bancos. El dinero de plástico, los cheques, las transferencias, los pagarés, las letras de cambio y sobre todo la informática que todo lo invade, han dejado los bancos limpios de sucios billetes. Ahora todo es intangible y pulcro, como sus mármoles, sus vidrios, su acero inoxidable, su decoración. La mayor parte de las sucursales, no tiene en caja más de uno o dos kilos… Eso, si los tienen… Por eso hay que saber esperar al día adecuado y escoger la hora y el momento oportuno en que hacen los pagos de nóminas y pensiones, o recojan las cajas de los comercios de la zona…Los inicios de mes, suelen ser los días mejores…La hora, poco antes de las tres, cuando están a punto de cerrar la puerta para cuadrar caja y largarse a manducar. Entonces es cuando hay que entrar, sin hacer ruido ni significarse, y quedarse entre los últimos clientes…cuantos menos haya mejor…Entonces se bloquea la puerta con cualquier cosa… vale hasta un paraguas y se empieza la coba.
…Pero siempre hay que someter al banco a vigilancia y a un estudio cuidadoso de sus movimientos…Lo mejor es abrir una cuenta en la sucursal con un carné falsificado y guipar todo desde dentro…Los bancos no son muy exigentes cuando se trata de meter pasta… sacar ya es otra cosa. Conviene meter una cantidad decente, no una miseria…. en todos los órdenes de la vida amigo Alberto hay que dárselas de solvente…Es conveniente, para aumentar la credibilidad, domiciliar el pago del agua y de la luz, claro está, con datos falsos. Total lo vas a retirar más adelante cuando des el golpe… El trabajo de información previo, es tan importante para hacerse una buena coba, como la actuación en el momento del golpe. Nunca se te olvide que la ley de oro para esto, es la misma que para el sexo: más vale un buen palo que tres de cualquier manera...
…Es fundamental analizar bien el lugar, por eso te he mencionado lo importante que es tener abierta una cuenta para acceder al interior cuantas veces quieras … Hay que visitarlo a distintas horas, ver cuando llega el furgón trayendo o llevando la guita, cuando los comerciantes y los empleados de algunas empresas entran con una bolsa y pasan directamente tras el mostrador a hacer el depósito en la caja (eso lo suelen repetir a diario y a la misma hora) o cuando otros van con la bolsa de una boutique o con una chaquetón abultado, a pesar de hacer un calor de la ostia y bajan al sótano acompañados de un empleado… Esos, Alberto, esos, son quienes llevan el dinero negro a las cajas de seguridad. Suelen ser gente de empresas inmobiliarias, que van a guardar la guita que en plan fino llaman Barcelona… ó B a secas, y que reciben bajo cuerda con la venta de los pisos. Conseguir combinar una coba en blanco y negro, justo cuando se están haciendo las operaciones, es rizar el rizo en un buen profesional…Todo depende de la información, de tener los oídos atentos y los ojos bien abiertos…
…Hay que procurar escoger un local que sea amplio, despejado, con una salida franca y difícil de bloquear. Si hay cámaras, les das una ostia con cualquier cosa y asunto resuelto…Yo para eso llevaba una muleta haciéndome el cojo. Con la muleta además daba lástima y la gente me cedía el paso y el turno en caja… Pero tuve que dejarla porque el atraca de la muleta se hizo demasiado popular... Una vez dentro del local hay que situarse en una posición adecuada, siempre con la espalda contra la pared… A poder ser en una esquina desde donde se divise todo el escenario y todos te vean cuando des el grito… ¡todos al suelo, esto es un atraco!.. que pondrá temblando a todo el personal, convirtiéndolos en tiernos corderitos lechales…
…Ahora están poniendo pistoleros…lógicamente, es mejor escoger una sucursal donde no los haya, pero si los hay, debes procurar que el segurata no sea muy joven… Puede estar más o menos cachas (frente a una pipa, nadie se siente lo suficientemente cachas) pero sobre todo, lo importante es que sea mayor y a poder ser padre de familia...
– ¡Joder Dani no tienes exigencias que digamos!... por querer saber, tu quieres saber hasta si tiene hijos, de qué edad son y si su madre es viuda.
– Pues sí Alberto, pues sí… si es viuda mejor – volvió docto El Dani con su explicación – no
estaría de más conocer esos extremos…Y no creas, que con una vigilancia y atención cuidadosas y un café oportunamente invitado en el bar de la esquina, donde el pistolero es posible que se papee el bocata de las diez todos los días, se puede sacar esa información y mucha más para el buen resultado de la operación. Nunca se te olvide, que un hombre casado y con familia se vuelve conservador, y la responsabilidad le hace alejarse de aventuras peligrosas…La presencia de la familia, no le permite el lujo del carácter… Además, con un hierro en la espalda te entregará la artillería como un corderito y lo mismo hará todo el personal que en ese momento se encuentre en el local. Los de la otra parte del mostrador, frente a la presencia de una pipa, se cagan de miedo y no moverán un pelo por el banco… Es hasta posible que (recuerda que los bancos son de las empresas más rácanas y duras con sus trabajadores) no les caiga del todo mal que, un tío con un par de cojones se lleve la caja…De todas maneras, hoy por hoy, los propios bancos recomiendan a sus empleados, que ante una coba no hagan el gilipollas y cumplan a pies juntillas las indicaciones del atracador… Porque además, todo el mundo sabe, que el botín lo repone inmediatamente la compañía de seguros…
… Lo que siempre hay que procurar en una coba es, no hacer daño a nadie…Cuando se saca la pipa, lo primero es tranquilizar a los clientes, explicarles que no va con ellos, que nadie les va a quitar su pasta, que de eso ya se encarga el banco, y que uno es un tío legal, que ha ido allí a hacer su curro, sacar la viruta y punto. En fin, que estén tranquilos y en silencio, porque en unos minutos el asunto se acaba sin que nadie salga perjudicado y todo volverá a seguir como antes... Hacerlo con limpieza, sin violencia, pidiendo educadamente a la gente colaboración, es fundamental y nos da a los atracas un cierto toque de distinción que nunca viene mal…La gente, tanto los de una parte del mostrador, como los de la otra, lo entienden así y suelen prestarse a colaborar sin mayores problemas. Como decía el gran Capone: se puede llegar lejos con una sonrisa, aunque a continuación añadía, pero más lejos se llega con una sonrisa y un revólver – entonces El Dani se echaba una gran risotada.
… Antes, en la Dictadura, había menos atracos…La gente no se atrevía tanto…Además estaba la pena de muerte y circulaban pocas armas…Por eso las cobas se preparaban mejor, la gente era más metódica, más profesional, había más técnica, más reflexión y preparación. Durante la Transición las cosas cambiaron… La droga nos convirtió a muchos en unos descerebrados…Las cobas eran frecuentes, había días en que yo pegaba tres palos seguidos en la misma zona. A mí esto me duró hasta lo del Banco Central, que como ya sabes fue mi gran error…Por entonces los profesionales éramos, todavía, gente seria, teníamos una ética y un comportamiento, se trabajaba con limpieza y sin violencia…Mi chorba y yo, que entonces currábamos juntos, nunca pegamos un tiro… ni al aire… Todo lo más, alguna ostia a alguno que se ponía tonto, bien porque quería sumar puntos con la empresa o porque se las daba de héroe y no entendía de qué coño iba la cosa. Por eso, no está demás llevar en la otra mano algo contundente… pero nada más… Nosotros no hacíamos daño a nadie…Como el resto de la gente con la que podíamos coincidir en aquel momento en la sucursal, también teníamos familia, padres y hermanos…Lo nuestro era sólo coger la pasta y largarnos… Por cierto, las mujeres en las cobas, suelen ser compañeras más competentes que los hombres… son más frías y tienen más temple…Aquella chavala y yo (la pobre murió del bicho el año pasado) formábamos un equipo de puta madre…La entrada al banco en plan de parejita, nos ayudaba mucho. R esultaba más creíble para los empleados…Los muy gilipollas debían pensar que íbamos a pedir una hipoteca para comprarnos el pisito…
… Los de la brigada antiatracos, nos tenían un odio feroz…Desde sus puestos de tristes burócratas, les jodía vernos manejando lana, vestidos de puta madre y con un buga cojonudo, así que si nos cazaban, de entrada nos inflaban a hostias y después hacían lo posible y lo imposible para colgarnos cualquier marrón con pruebas o sin ellas… Aquellos maderos eran unos indeseables hijos de la gran puta…
… Hoy las cosas han cambiado mucho…la profesión se ha degradado… Cualquier chaval cargado de pastillas o un pobre yonqui con el mono a cuestas, se planta con una fusca en un banco y es capaz de hacer una descerrajina… Esta es una sociedad en la que se han perdido los principios, las formas y el gusto por las cosas bien hechas… Ya casi no quedan profesionales en nada… Ahora llamas a un fontanero, para que te arregle el grifo del fregadero, y es muy posible que te lo deje igual y además te joda el desagüe del retrete… Pues entre los atracas lo mismo… igual de chapuzas… El mundo de la coba se ha convertido en cosa de aficionados…Los verdaderos profesionales y no digamos los maestros de la vieja escuela, han desaparecido, están en el maco, han muerto de sida o se los ha cargado la bofia. Son muy pocos los que han sabido retirarse a tiempo, cuando les acompañaba el éxito y todavía tenían el bolsillo caliente. Yo por mi mala cabeza tampoco lo supe hacer a tiempo, el caballo seguía tirando de mí sin que lo consiguiera embridar y tenía que volver una y otra vez a las cobas… y claro, acabé aquí, en el maco… Pero esta campaña no es como las anteriores, en las que me pasaba uno o dos años dentro y volvía a empezar… esta es demasiado larga… Cuando salga seré casi un anciano… ¡pero bueno, nunca se pierde del todo la esperanza!... ¿no Aberto?...
– ¡Así mismo, así mismo Dani! – contesté con cierto esfuerzo, para que no se notara mi zozobra ante aquella suave y cálida palabra, que si no va acompañada de una oportunidad, resulta ilusoria y engañosa. Y es que la esperanza sin oportunidad, se torna humillante y cruel.
– Cuando consiga salir – reflexionaba abatido El Dani – antes de cortarme definitivamente la coleta, me haré algunos trabajos, recolectaré un paquetillo de unos cuantos kilos y me retiraré a Benidorm como un jubilado más… es un buen sitio para refugiarse… uno pasa inadvertido entre la multitud. Yo, después de haber dado un palo, he ido por temporadas para dejar correr el tiempo… Claro que se puede ir también como los capos mafiosos a Marbella, pero resulta demasiado refinado y selectivo… Gentes como nosotros daríamos el cante. Definitivamente, para las clases medias europeas, incluidas las de la delincuencia, el lugar ideal para retirarse es Benidorm.
Cuando llegué a esta ciudad siguiendo las recomendaciones de Dani, alquilé un pequeño apartamento y me puse a buscar trabajo. Fue una sorpresa constatar que, te contrataban sin pedirte antecedentes. Vinieras de donde vinieras, se te valoraba solo por lo que sabías hacer. Nadie te preguntaba por tu pasado. Comencé a trabajar de camarero en una cafetería de la playa de Levante. Como tenía alguna experiencia en el oficio y era persona seria, la empresa y los compañeros de trabajo me acogieron bien. Trabajaba muchas horas, es verdad, pero con el sueldo fijo más las propinas, me daba para vivir, sin tener que tirar de la lata de galletas.
El tiempo en libertad condicional, me había convertido en un animal acosado, desconfiado y retraído. Pero en esta ciudad tan bullanguera, donde todos viven en la calle, era difícil no mantener relaciones con la gente. Cualquier persona, en cualquier situación y lugar, entablaba una conversación conmigo. Me sentaba en un banco y enseguida estaba charlando con alguien. Incluso señoras de todavía buen ver, pretendían ligarme con total desparpajo. Pero ya no estaba para aquellas cosas y tendía a retraerme y a encerrarme en mi mismo. Poco a poco, fui tomando el pulso a la ciudad y aterrizando de nuevo. Aligeré mi vestido y mi vida, cambié de ropa y de piel, y me animé a ponerme por mi cuenta. Abrí la caja de galletas, compré herramientas, un furgón de segunda mano y me hice jardinero. Yo había observado que, la ciudad estaba cercada por miles de chalés de guiris que pasaban la mitad del año aquí y la otra mitad en sus países de origen, y que en su ausencia necesitaban de alguien que se ocupara de cuidarles el jardín y la piscina… y a eso me dediqué.
La jardinería siempre me ha gustado, el trabajo al aire libre en un clima benigno como este, resultaba una actividad sana y el esfuerzo que conlleva es proporcional a mi edad y a mis condiciones físicas. Además me ofrecía la libertad de trabajar solo por las mañanas y dedicar las tardes a leer y a seguir con mis pinitos en la escritura. Con lo que había en la caja de galletas y el rendimiento de mi negocio, que ya tenía clientes fijos, al de dos años me compré un pequeño adosado en Alfaz del Pí, un pueblo tranquilo junto a la ruidosa Benidorm… y aquí sigo. Ahora solo atiendo algunas casas de mis mejores y más antiguos clientes. Sobre todo me he especializado en noruegos, gente un poco rara, pero es seria y paga bien. Así que saco lo necesario para vivir dignamente. La casa la tengo pagada, o sea, que no tengo otra preocupación que los achaques propios de la edad. La lectura y la escritura siguen siendo mis únicas y fieles compañeras, que nunca me traicionan. Bueno, también tengo a Lara, una perrita preciosa, que me quiere como nunca me quiso ninguna hembra. Nunca he publicado nada, tampoco me ha preocupado. No soy escritor, ni creo que llegue nunca a serlo. Si tuviera que responder a la pregunta ¿qué he sido en mi vida?... debería decir, preso… es a lo que he dedicado más tiempo. La escritura como profesión, carece para mí de sentido. Escribo, quizás, porque nunca he tenido a quien contar mis cosas. Los cuadernos se van amontonando uno tras otro en los estantes, recogiendo los restos de una existencia vivida a trompicones. Escribir no me resulta difícil, me limito a contar lo que he vivido y lo que vi vivir a los demás. Para eso es suficiente la memoria y un poco de imaginación… sobra la fantasía. Pero lo hago con las entrañas. Por eso suelo decir que escribo a ramalazos y desde el dolor. No sabría escribir desde la paz, la tranquilidad o la felicidad…eso solo saben hacerlo los escritores.
Nunca le agradeceré lo bastante a El Dani, sus enseñanzas y recomendaciones, que me permitieron reemprender aquí una nueva vida…él no lo conseguiría… el bicho le ganó la partida y murió en la cárcel.

Alberto López

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