Digo que ante la frágil estructura
del helio, del neón y del argón,
una tristeza mineral
oscureció mi entendimiento:
cierta nostalgia de claveles
o de pichones exaltados.
Y sobre las costillas de Robot
sollocé largamente.
Robot, atento, consultó sus fichas,
y en el agua increíble de mis ojos
vio lo absurdo licuado.
Luego, juicioso, evaporó mis lágrimas
a ciento veinte grados Fahrenheit.
Del libro “El poema de Robot” de
Leopoldo Marechal -Argentina (1900 – 1970)-
Publicado en la revista Estación Quilmes
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