Mi hermano el cuerpo; su inquilina el alma,
inválida en sí misma, en silencioso,
servil confinamiento,
chispa, tal vez, o vibración, o soplo,
incapaz de activar tales factores
no siendo en forma de control remoto.
Ciega, sin tacto, sordomuda, ajena
también a los aromas del contorno.
Depende de otros labios, de otras manos,
de otros oídos y ojos,
para absorber imágenes, sonidos,
procesar sensaciones, y en retorno
manufactura ideas, sentimientos,
se juzga experta en el dolor y el gozo,
siendo sus datos de segunda mano,
si no falsos, dudosos.
¿Qué fe se nos deriva
de tal mentalidad de calabozo,
de quien nunca vio el mundo,
quien nunca paseó bajo los olmos,
ni escuchó el esplendor de primavera,
o percibió la mano sobre el hombro?
La suya es sólo información prestada,
a la que poca certidumbre otorgo.
Refino mis sentidos, porque a veces
no son quizá fiables, pero es todo
lo que nos comunica
con nuestro propio entorno.
¿Y el alma, entonces? Diestra fabricante
de sueños, de esperanzas, de abandonos;
de castillos dorados en las nubes,
desmoronados, con frecuencia, en polvo.
Dejémosla seguir en sus ardientes
fantasías, sus cantos melancólicos.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
No hay comentarios:
Publicar un comentario