domingo, 10 de junio de 2012

APOLOGÍA DEL ANONIMATO


Ingente anónimo.

Soy el ingente anónimo.

El anónimo de todos los comentarios,
los pots
y las calumnias.

Soy una de esas personas que afean
y arruinan el mundo.

Alguien que te observa en secreto.

El beso y la ternura del dragón.

El mudo de la palabra rebeyriana.

En mí, bajo el influjo del volcán,
brillan monedas oxidadas.

Soy uno de los mil cretinos conocidos.

Aparecí en una de las fotocopias de
Francis Farmer,
en Sicilia, en invierno.

En tiempo de vida,
combatí con Ednodio Quintero.

Busqué en el mapa del tiempo
a la bella del señor.

En tierra desacostumbrada,
un vacío perfecto produjo ante mis ojos
el beso de la lluvia irisada.

Y es que todo es labia.

Lo leí, tal vez,
en el sombrero de Rembrandt
(no supe escribir su nombre)

Sacando mis armas secretas
y esquivando la ley de los espacios en blanco,
grito:
-Nosotros, todos nosotros.

Al final,
solo somos el espejo de un viejo indecente
esparciendo sus escritos
entre los escombros del aeropuerto de Funchal,
arrullado por el canto nocturno de los pájaros.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

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