Y así como sale el toro
en una plaza de toros,
donde tanta gente extraña
lo contempla alegremente
a él, en su soledad de toro:
Así pudiera ser un día,
la soledad de todos.
Y entre tantísima gente corre,
espléndida, briosa,
majestuosa y brillantemente
y a todos mira de frente,
jactándose del vigor
que Dios le dio:
Y se encuentra dentro
de un redondel amarillo,
circundado por madera roja
con números y letras pintadas,
caballeros y caballos plantados
y quizá tuertos caballos,
con petos tapados y engalanados…
…Allí se encuentra él solo
en donde todo,
hace presagiar su muerte.
Y así como salió él,
solo está,
entre la arena y el Sol,
rodeado por la gente,
gente que se divierte
y contempla alegremente:
Poesía de la muerte.
Y se halla frente a frente
ante un cuerpo que
se mueve al son,
con un traje reluciente
de color chillón
y de oro salpicado.
Junto a un capote color grana,
por una cara,
cara que le da a él,
en toda la cara.
Y, cuando la cara baja,
porque el capote le obliga,
ve una montera negra
en la arena
y dos zapatos negros de charol:
El negro, negro
que será su color.
Y que detrás del capote
se tapa un hombre con su valor,
y que ahora es, toro,
tu fijación.
Por tu nobleza engañado;
tu inocencia y candor,
serán tu don y dolor.
Y así del presagio
a la certeza, fue pasando
rápidamente tu última tarde,
plantando cara a la muerte,
valientemente.
Y que alegremente
fue vista por la gente
tu agonía y muerte:
Y que tu dolor de toro,
sirvió para hacer feliz
a tantísima gente.
Gente que hacía poco
te vio salir impetuosamente,
a ti solo, vivo y ufano…
…En esa plaza de toros,
en tu soledad de toro:
Así pudiera ser un día,
la soledad de todos.
Julio Guzmán Sanchis.
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