domingo, 10 de junio de 2012

¡QUIERO VIVIR!


¡Madre, déjame vivir! Majestuoso amanece el día. Majestuoso se eleva el sol y horas
de incertidumbre embargan mi alma. Pues, por qué desaparecerá el perfume mudo y
silencioso del bosque en primavera? ¿Por qué se aquietará la brisa marina? ¿Por qué
se apagarán los rayos plateados de las lunas de otoño? ¿Por qué la fresca y jugosa
fruta será polvo en la tierra generosa que la acoge? ¿Por qué se agostará la hierba
exuberante en las praderas? ¿Por qué el final de la poderosa encina? ¿Por qué no
más las violetas solitarias, las humildes lilas, la pálida, dulce y delicada azucena? Por
qué el final del amoroso encanto entre las aves? ¿Por qué no más gotas de rocío, ni
amores infantiles, ni miradas de consuelos, ni auroras de esperanzas? ¿Por qué mi
pregunta sin respuesta? ¿Por qué mi duda, mi alarma, mi temor?
¿A dónde iré? ¿Qué será de mi?
¡Madre, déjame vivir! ¡Déjame vivir! Porque si no es así, ¿qué será de todas mis
palabras y emociones? ¿Qué será de mis discursos y relatos, qué de mis pasiones
juveniles, qué de mis desdenes y aplausos, qué de mis orgullos y fracasos? ¿Qué será
de mi cuerpo musculoso, elástico, sagrado? Qué de todas y cada una de las partes de
mi cuerpo armonioso? ¿Qué será de mis actitudes, tiempos, formas, espacios,
sombras y colores? ¿Qué será de mis primaveras de oro y de mis otoños de grises
largos?
¿Qué será de mí? ¿A dónde iré?


Pedro Martínez. España
Publicado en la revista Oriflama 16


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