Me araña tu recuerdo, me desgarra.
Nunca aplicó las uñas, sólo el tacto,
tan cálido, tan blando, tan exacto,
como hallando en mi piel una guitarra.
Me tocaba a la sombra de la parra,
marco imprevisto del primer contacto;
en el salón, que refrendara el pacto
sellado en desnudez. Pero hoy es garra.
Y desangra, y aflige, y aniquila,
brutalidad que me hunde y se perfila
como abrupta antesala del olvido.
Consuelo y desconsuelo era añorarte,
pero era vida, si no en todo, en parte,
vida que va perdiendo su sentido.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO-Los Angeles-
sábado, 7 de abril de 2012
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