Era tan viejo para escribir un poema que, frustrado y confundido, solo pudo sollozar sobre la presencia blanca y vacua de la hoja de papel.
Sus lágrimas mojaron la página abarrotada de transparencias huecas y solo un trazo bizantino fulguró en esa superficie argenta.
Todo quedó en un intento de sintaxis de prosodia aliterante y rimas.
Los sueños del poeta volaron como en parvadas de pájaros, deliberadamente ofuscados por la negación del impulso, hacia el cielo de la insatisfacción.
Dedicó su vejez y su mediana locura de poeta, a la cría de gorriones.
Y cuando los pajarillos podían abrir sus alas al vuelo de la vida, con la enjundia de jaulas hechas de aire y libertad, de aves maduras, y atractivas; los sacaba para lanzarlos al viento.
Esa fue la forma estrafalaria de llevar su poesía al mundo.
Liberar pájaros fue su prosa viva, vibrante, parda por antonomasia, libre de expectativas y de juicios involuntarios.
Lanzar al viento sus pájaros para liberarlos, fue su pasión.
Y desde luego que cada gorrión, llevaba amarrado a su pata izquierda, un poema universal de endecasílabos fenomenales.
Roberto Rochin Suarez -Canadá-
No hay comentarios:
Publicar un comentario