lunes, 18 de abril de 2016
ARIADNA
De la cadencia de tu paso griego
de mujer infinita,
de tus ojos profundos como una caracola
que me hablan de cielos
y de mares turquesas
sin moverme del sitio,
de la hondura y misterio
de tu mano y tu hilo
que sacude mi sangre
con la sangre de siglos,
de lo ya descubierto,
del futuro impreciso,
de aquello que seremos
de la tarde que fuimos,
de tu risa constante cual faro luminoso,
canción inagotable
que en mi anhelo persigo,
de las luces que dejas en tu brillo de estrella
al borde del camino donde siempre te espero
y que se abre en mil flores
de un jardín ondulante
entre dunas y mirtos,
de tu piel en mi piel, sibila celebrante
del deseo y su rito,
de los sueños perennes
donde cada mañana
cada instante revivo
de hermosura indeleble
vencedor del olvido,
del temblor de las ramas de tu ser más secreto
de tu pelo cometa
de tu vientre divino
de los dones y prendas que te adornan el cuerpo
y fundaron tu mito,
como fuente imposible
que ha brotado de pronto
sacando de mi encierro lo mejor de mí mismo,
de ti salen palabras
que en silencio me entregas
y que yo te devuelvo
musa mía,
porque así lo quisiste,
abrazando lo escrito.
Del libro Jardín y laberinto de RAFAEL ÁVILA -Melilla-
Publicado en Luz Cultural
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