Otra vez la noche y yo solos,
ella con el silencio que mata,
yo con la pena que castiga;
aunque la luna nueva es hermosa
su deleite para mis ojos
mi dolor en nada mitiga.
Abrazado a la soledad me encontró
bajo un manto de oscuridad
en el ocaso del atardecer;
siento desgarrada el alma
lágrimas de sangre llora
porque no estás, por tu querer.
El tiempo sigue su viaje,
el corazón que no duerme
es la única compañía;
en cada lento latido exclama
¡Cómo duele tu ausencia!
si no estás amada mía.
Los ojos mantengo abiertos,
vueltas doy en la cama
¡ Por Dios! no puedo dormir;
las horas negras ingratas
cada noche son eternas
aliadas de mi sufrir.
Por fin ha llegado el día
la luz que es viva esperanza
de nuevo el alma alumbró;
efímera primavera en mi ser
la jornada pronto termina,
otra vez solos, la noche y yo.
Moisés Castro Parra -Chile-
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