Oriné en tus tetas de plástico de 95 centímetros de grosor.
Tuve que estirar los isquiotibiales para que mi sangre no se convirtiera en pulpa de remolacha.
No pude abarcar tus 95 centímetros de tetas con mis labios porque trabajabas de azafata en una exposición de cómic.
Ese era tu sino, para ello había nacido el cirujano que te operó los balones de basket.
Cuando sobre tu esquela un gargajo de vaho caliente roce tus tetas de silicona, ten en cuenta que es el sabor de la escatología, la desidia moral y la estulticia, el de las palabras que te definen.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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