jueves, 5 de febrero de 2015

NOTICIA


a Sara Botello, amiga….

Josef Gordon
el principal juez de la ciudad fue muerto a balazos la noche de pascuas.
En su cabeza había un gran orificio de un Springfield calibre 30.
A la ceremonia pública de ese hijo de perra solo fueron tres personas:
El alcalde, la mujer de Josef y un sacerdote.
Bajo la noche gris de este desierto donde llegué y tan lejos estoy de la vida
cada pedazo de sueño cae sobre mis desatinos.
Se puede hablar en inglés no importa la dicción de las palabras
para poder comprender ese lenguaje casi hirsuto del que se aísla.
Como un témpano los ojos emergen y hule a café la mañana
sobre las montañas del  condado de Texas.
Yo figuro un sueño dado a comprender y voy así como una estatua transparente
como un carrusel del tropiezo para salvarme.
La ciudad es un enjambre de gente que no conozco y pasan de prisa.
En una cafetería Starbucks no me siento como allá en el café 1906 de Manzanillo,
faltan los amigos y ese loco que pide pesetas en la esquina.
Faltan las ganas de ver a una muchacha moviendo la cintura
y en su pelo una cinta de coral.
Josef Gordon en fin está muerto
su roja cara de ilustre inquisidor  ha salido en primera
plana en el diario de todos los días.
Y yo que hace mucho no uso un papel de periódicos
para ese acto glorioso que no sea la lectura de ese ritual hoy me acuerdo.
Pasan los carros fúnebres como hermosos autos de lujo de la Ford Company
donde fabrican las mejores marcas para el paraíso de la muerte.
Y de nuevo camino por entre el Down Town rumbo al oeste de la ciudad
donde están las montañas no tan verdes del City Hall.
Yo a veces creo un mundo con las cosas que vienen a la mente
ya hace años esa ha sido la gran excusa
el deseo de decir lo que no pude decir
y callar lo quiero contra todo silencio ocultar.
Después del entierro del juez nada se resolverá.
Una fina lluvia cae sobre los secos pastizales
y los aviones del American Lines
vuelan como enormes pájaros de fuego sobre mí.
Del otro lado del mundo
el olor a café que mi madre cuela llega hasta aquí. 

Del libro en preparación EL PÁNICO DE LOS DÍAS de Claudio Lahaba

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