Desde la suave caricia del silencio
me embriaga el posible abrazo,
eterno afluente pasional
hacia la extraña corriente de vida.
Quiero un lecho de únicas pretensiones
con memoria ancestral y justa
para poder ser liberado
en el más puro cristal de la inocencia.
Quiero verme reflejado en el iris
de unos ojos escrutadores,
como una gota sorprendida
ante la culminación del milagro
de la más pura esencia,
dando así, el último adiós
con ese beso placentero,
que dará sentido a tan larga espera.
Mayte Andrade -Benicarló - Castellón-
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