El día que me conociste fue en la barra de un bar cualquiera.
Decías no te gustaban mis ojos rojos y el temblor de mi risa cuando me encontraste allí, mientras, yo callaba.
Aquel día el dolor dejó una estela entre tus pisadas alejándote.
Volví al fondo del vaso que era yo
porque era tan intensa la vida, me dije dando un trago a mi penúltima cerveza.
Sí. Era intensa la vida
y perpetuos los miedo
y solo sabías de mí por mis bares,
tembloroso de ausencias.
Te alejabas porque sabías que
yo nunca sería yo
sin los bares ni la tristeza.
Pero me sentías,
sentías la tinta de mi fuerza arder
y que mis pasos se alejaban trago a trago.
A pesar de mi sino,
continuamos nuestras vidas
huella a huella
indiferentes y paralelos.
Tú no me supiste cierto y ya no luchabas
mientras mi sed diluía mis días.
Me conociste en la barra de un bar
me olvidaste en la barra de un bar,
no fui el que necesitabas
porque solo el rescoldo de mi sed me saciaba.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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