Para Marcelo Villacorta Moreno
En un convento del siglo catorce,
en Moguer, donde Platero,
que parecía de algodón,
paseaba de mano de Juan Ramón,
se casó el inquieto Marcelo.
Jesús, desde el madero, en el altar,
bendijo la unión con su fija mirada.
Después en los patios y claustros,
donde se habrían sucedido
miles de historias: trágicas, monótonas,
felices, charla con los viejos amigos
Pili y Marcelo, padres del novio.
Aquí también unos refrescos
para saciar la sed
y unos aperitivos
para abrir el apetito.
Por último en el patio del claustro,
rodeado de plataneros,
una excelente cena de tres platos
y una amena conversación
con los compañeros de mesa,
recordando otros tiempos.
Avanzada la madrugada
llegó el momento de los abrazos,
de los besos, de las despedidas
y el quedar para otro día.
JOSÉ LUIS RUBIO
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