martes, 9 de septiembre de 2014
ENCONTRÉ LA VIDA
Crucé un escalón y me encontré de cara con la vida,
era un torreón sin puertas ni ventanas,
estaba forrado de ladrillos
y de rosas sin espinas.
Allí dentro sonaba un eco como de hierro insaciable,
reinaba un frescor putrefacto,
sentí que me habían estafado.
Iré a un bar cualquiera a escanciar escalones de amnesia,
me dije.
Y me dije
que la vida era una estafa,
que llevaban razón los viejos cuando decían
que pararan el mundo que se querían bajar.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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