Los dieciséis ya son míos, ya nadie me podrá decir aquello de “no puedes porque eres demasiado pequeña”. Me pongo mis mejores galas para celebrarlo. Me maquillo y salgo corriendo a enseñarle a mi madre mi “trasformación” de niña a mujer. En sus ojos una mezcla de frustración y tristeza. Me sonríe levemente, y dándome mi regalo me sonríe levemente. Dejo el regalo sin abrir sobre la cama. Cuando regrese tendré tiempo de sobra de abrirlo. Mi primera noche de salida, un punto de no retorno. El sonido del timbre marca el siguiente paso, el que marcará mi nuevo status, para bien o para mal. Bajo el ascensor soportando el picor de ojos que me produce el maquillaje. El encuentro con las amigas es genial, ellas ya han salido más veces, para mi es la primera, así que estoy exultante. Las veo diferentes, aparentas varios años más y se comportan de manera extraña. El camino hacia el primer pub se hace corto. La gente se agolpa a las puertas, con vasos en las manos. Logramos entrar a duras penas. La ensordecedora música lastima levemente mis oídos. Una de mis amigas me pasa un vaso, no sé lo que es pero si me lo da ella, no puede ser malo. Pruebo aquel líquido oculto entre cubitos de hielo. El sabor es horrible, me produce un latigazo que me hace girar el cuello de manera inconsciente. Todo el mundo tiene esos vasos en la mano, y en mi primera noche lo último que quiero es desentonar. Continúo con él en la mano, aunque su regusto me está matando.
-Te quiero presentar a alguien- Me dice mi amiga Marta mientras tira de mí.
Llegamos, ya en la calle, junto a un grupo de chicos. La mayoría de ellos está fumando y por el olor dudo que sea tabaco. No nos separamos de ellos desde ese instante y nos vamos a una discoteca. Dentro de ese antro, veo a compañeras mías comiéndose los labios con tipos a los que jamás he visto. La mayoría se manosean entre ellos. Empiezo a sentirme incomoda, fuera de lugar. Mi amiga Carmen está al fondo, riéndose sin motivo, con los ojos enrojecidos mientras uno de los chico mete su mano dentro de su jersey. A ella no parece importarle, al revés, está encantada. La gente a mí alrededor, la música tan alta, el nuevo vaso de plástico que llevo en la mano, chicos y chicas de mi edad tambaleándose… necesito salir a tomar el aire, pero de manera discreta, no quiero desentonar. (…)
ANNA LAFONT
Seleccionado por Martín Molina García
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