Nunca sabré quien me llamó.
El número no se grabó.
El mensaje desapareció.
Solo si la llamada se repite
sabré quien era y que mensaje
quería comunicarme.
Pero no hubo ninguna llamada
durante cinco días
como si el teléfono estuviese averiado.
¿Nadie tenía nada que decirme?
¿Nadie se acordaba de telefonearme?
¿Todos se habían olvidado de mí?
Tal vez debería llamar yo.
¿Pero a quién?
¿Qué le diría?
En ese momento sonó el teléfono.
JOSÉ LUIS RUBIO
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