Fuiste la carne y fuiste lo sagrado
-sobre la cama y tras aquel postigo-,
al sol la espiga y en el surco el trigo
que entierra un corazón bajo el arado.
Fuiste una cruz y un cuerpo desangrado
sobre la cúpula de un negro ombligo,
mariposas y un vientre de mendigo
bajo el mar que cruzó mi lengua a nado.
Fuiste la copa el bar el hombre solo
que abre sus carnes asomado al hueso,
con la espina clavada en el peciolo.
Fuiste mi amor, mi luna y embeleso
mi confidente –experta en protocolo-;
pero, una extraña para darme un beso.
Antonio Ramos Olmo -ESPAÑA-
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