Llega penosamente, aciago. Llega
como el sol que al ocaso, ya sin lumbre,
se muere al otro lado de la cumbre
después de desangrarse por la vega.
Llega, como velero que navega
hundiéndose en su honda pesadumbre,
errante y solo y fiel a la costumbre,
a su rincón de siempre en la bodega.
Llega y, tras esa amarga travesía,
ancla en el vaso su melancolía
frente al faro sin luz de la botella.
Y ahogando el desaliento con el vino,
mientras el mundo sigue su camino,
desanda su sendero huella a huella.
Del libro NÁUFRAGOS” de VÍCTOR JIMÉNEZ GUERRERO -Sevilla-
2º Premio, XIV Certamen de Poesía Searus, 1991
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