Con cuidado para que no se les caigan los alfileres de las costuras, Zipi y Zape saltan desde la estantería al suelo. – ¡Bien!- exclama Zipi de manera involuntaria, el niño gordinflón duerme profundamente. – Se va a enterar de lo que vale un peine- susurra Zape. De puntillas recorren el pasillo, pasan por la habitación de los padres, en silencio y a oscuras, llegan a la cocina, abren el frigorífico, cogen una caja de leche y un paquete de galletas de chocolate. - ¡Qué ricas!- se las comen todas dejando un reguero de migas esparcidas sobre la mesa. Mañana durante el desayuno alguien será regañado.
David Moreno
Publicado en el blog microseñalesdehumo
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