Se reúnen, educadamente hablan, discuten soluciones y las aplican, educadamente también. Educadamente engañan, se enriquecen y benefician a sus amigos y compinches, sitúan en posiciones de poder a los acólitos, siempre con buenas palabras, siempre educadamente. Se sienten ofendidos cuando los engañados les dicen cuatro verdades a la cara, les rompen los asientos de terciopelo donde posan sus culos gordos y sebosos, los cogen de las solapas y les preguntan cuándo van a escuchar lo que piden los de abajo. Educadamente, manchan sus pantalones. Educadamente, se refugian tras cuatro o seis gorilas, perdón, guardias de seguridad o miembros de las fuerzas del orden, y callan.
Luego, en la seguridad de sus aposentos, delante de las cámaras de sus adláteres y seguidores, amenazan, hablan en nombre de la urbanidad y del derecho (su derecho, por supuesto), se hacen los fuertes con los débiles. Eso sí, siempre de forma educada.
A este tipo de pandillas y cohortes de vividores, burguesitos de toda índole, clasistas veteranos, defensores del orden, la moral y la ética del poder, ya les llegará su particular san Martín. Los bárbaros terminarán exterminándolos, eso sí, habrá que hacerlo de forma educada, para que no se sientan mal.
Francisco J. Segovia -Granada-
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