Viaja despreocupada la paz exiliada y periodista a un país hermano, lleva una camisa roja, porque en el país hermano pregonan la justicia social; pero a su arribo sufre la traición desmedida. Es apresada la paz periodista, no hay ley ni convenio que sea respetado, no hay ética ni coherencia que frene lo atroz: es entregada a sus verdugos. La paz periodista apenas alcanza a entender que sus hermanos la entregan a sus torturadores: mil preguntas cavan la fosa más honda de su alma. Este es un funeral muy triste.
Azalea Robles
Publicado en la revista Movimiento Internacional de Escritoras
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