Más fuerte ayer y más débil hoy,
mi cuerpo ya no me hospeda, no me protege.
Me está enterrando, ya no es mi casa,
ataúd mío se vuelve.
¡Qué breve ha sido la batalla!
¡Qué breves las ilusiones, los amores, los llantos, las penas, los días!
¡Qué breve la vida mía!
¡Qué largo este sufrimiento!
Los muros de mi casa se desmoronan,
me miro y no me reconozco.
La muerte se lleva en su rostro mi aspecto
y yo me quedo triste, viejo, solo y muerto.
Publicado por
MARÍA JOSÉ BERBEIRA RUBIO (Casteldefell) en su blog dondehabiteelolvido-airama
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