Ojos promontorio
y atisbo de celofán.
Susurros de terciopelo
y la sonrisa de la mujer más vieja del mundo.
Aleve savia volcánica
como nervios de la espera,
como erratas de carmín.
Tu pasado,
cuando despliegas las alas
aletea como los genes del mundo.
Sollozas y expandes tu cobijo
y se ensancha la luz que ciñe tu pasado
ese desfiladero de la lejanía.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ-Mérida-
domingo, 25 de marzo de 2012
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