Cuando a la calle salí, vi un montón de gente reír.
Me acerqué y vi a un anciano en medio del frenesí.
Y así decía: Yo me siento feliz.
Puedo corroborar que sirvo para hacer reír.
Yo me acerqué a él y una manita le di
y, cogiéndolo de un brazo, le dije: Ven conmigo, anciano,
no hables, vente conmigo a vivir,
pues ellos también llegarán a viejos
y de ellos también se pueden reír.
ANTONIA SALVADOR BULLIDO-Chiclana-
jueves, 22 de marzo de 2012
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