No me basta la mirada de reproche
de cualquier hombre que no sea hombre.
Veo a través de la lupa,
el dolor que se cuaja dentro
del útero
se calla ante la neblina.
Siempre son los mismos gritos
que apaga el tiempo
con aires de indiferencia disfrazada.
Un apagón de voces con ojos
de inocencia,
vidas en deterioro, fueron pausa
ante el asombro
y ese mismo pasmo se hace olvido
con el humo de la nicotina
y un buen vaso de idiotez acelerada.
Tampoco me basta la mirada cursiva
del aliento que desgasta la pobreza
o del embuste que surge
ante un derroche de mentiras.
¿Cuantas veces tengo que poner
el dedo en la llaga?
Hay cientos de verdugos y miles más
que esperan un degüello,
la palabra se vuelve viento
y solo unas cuantas narices la respiran.
Cada letra entra formando un verbo
para que filtre su hemorragia
el desconsuelo
y deje a un lado la cobardía.
Creo ser parte de un teatro
con locos jugando a la guerra;
creo y no quiero
ser marioneta de un mundo
lleno de suicidas.
César Curiel -México-
Compartido por Daniel Montoly
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