En mi vida he fumado
pero cuando voy al médico
y me pregunta si fumé
digo que sí, que mucho,
que cuatro o cinco paquetes
de tabaco del barato
al día.
El médico me dice que lo deje
y yo obediente obedezco
y vuelvo a mi cotidianidad.
Mi médico de familia me dijo
un día casi sin mirarme
que yo padecía principio de tuberculosis,
y me imaginé convertido en tubérculo
como un Gregorio Samsa de tercera división.
Mi médico de cabecera ahuyentaba a los visitadores médicos
poniendo a sus clientes por delante con humor y constancia,
se ríe con mis chistes y me dice que nunca me pongo malo.
Me receta sin mirar pastillas para la alergia y me dice que
la primavera es lo que tiene.
Me cae bien mi médico de cabecera
me caen bien los médicos aunque me digan
que no fume y que no me pase con el whisky
y es que son médicos
aunque fumen y beban.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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