sábado, 7 de febrero de 2015

LA HIJA DEL POETA


Llovía, hacia frío,
y me fui a mi padre
que sentado escribía,
estaba triste,
y aunque disimulaba,
yo lo conocía,
sabía que se acordará de ella
el resto que le quedara de vida,
mi madre era su musa y su alma.
su bienestar y su dicha,
más él tenía que vivir,
era un poeta muy grande,
que de corazón tenía,
los dones que llevaba dentro
desde que nació aquí,
en esta tierra tan próspera y rica,
que los valles son tan verdes,
que parecen esmeraldas vivas...

Y lo miré a los ojos,
vi tanta bondad en ellos,
que dije, mi padre vale más
que todos los dioses del mundo,
pues amo a mi madre,
que me dio la vida,
y la trató como a una diosa,
como a su patria misma,
y me sentía orgullosa
de ser yo, su hija.

Más tenía que estar alegre
era duro lo sabía,
pero él se repondría,
le dije, te traigo café y tostadas
y un poco de mantequilla,
te pongo la foto de ella
en tu mesita chica,
cuando termines,
vas y le escribes,
pon lo que quisieras decirle,
más no te quiero ver llorar,
no estés nunca triste,
mientras yo esté viva
padre, no estarás nunca solo,
soy tu hija.

.Y diciendo esto, salí al campo,
era primavera,
estaba todo lleno de margaritas,
de amapolas, de cientos de florecillas,
y tranquilicé a mi espíritu
que lloraba, y pedía gritar,
más tenía que ser fuerte,
¿quién entonces iba a trabajar,
a cuidarlo a él, a limpiar?
pues mi madre
era la vida en la casa,
y había que seguir, y tirar…

Y lo vi salir a la puerta
y decirme, niña,
“sabes que tienes razón”
sé que con madre estaré un día,
me siento feliz sabiendo
que donde esté, me esperará,
¿qué iba a hacer ella sin mí?
fui siempre su guía , mi niña,,
¿quién la entenderá a ella?
era muy terca, muy terca,
¡ay hija¡

FRAN TRO -Granada-

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