En saliendo a la calle,
miro a todos los lados,
la ciudad no es un valle,
mas hay coches desbocados.
Cruzo despacio la puerta
que del exterior separa,
siempre hay que estar alerta
por si el demonio atacara.
Tres señales de la cruz,
no me las quita a mi nadie,
sólo ellas son mi luz,
que mi protección irradie.
Así me paso la vida,
saliendo y entrando a casa,
tengo mi mano tendida
y voy pagando mi tasa.
El pecado no me asusta,
me confieso a diario,
y aunque hablar no me gusta,
en mi fe está el calvario.
Nunca fumo, nunca bebo,
y el sexo, siempre, me carga,
pues esta vida que llevo,
deseo que parezca larga.
No moriré en accidente,
tampoco lo haré en pecado,
falleceré muy pendiente
de ir a mi cielo ganado.
Sólo y en cama estaré,
cuando me visite parca,
luego a deciros vendré:
“estoy muy sólo en mi barca”.
Quien con miedo ha vivido,
tambien morirá con miedo,
no vive quien no ha sabido
hacer de la vida el cielo.
Y ésta es la historia terrible,
de quien no supo tenerla,
quién no sabe que es flexible,
la vida hay que poseerla.
Julio G. del Río
No hay comentarios:
Publicar un comentario