Anduve por Cádiz yo,
Domingo de Carnaval,
cuánta murga y cuánta gente
y cielo gris y sin sol,
y cuánto y cuánto disfraz.
Anduve al azar por Cádiz,
comí de pie y en la calle,
jugué a la vida interior,
entre comparsa y comparsa,
y mis amigos de ayer:
Leonardo Rosa Hita y su revista Arrecife,
Ignacio Rivera Podestá y su Torre Tavira,
Juan Antonio Sánchez Anes y Suilka, el amor de sus ojos,
José Egido, poeta de reflexiones profundísimas,
hermanos todos ellos del corazón y el verso.
Anduve yo por Cádiz
ilusionando nubes y locas gaviotas
a golpes alas, olas y sal y yodo y viento;
el mar me recordaba mis días,
que fueron años de amor y vida plena,
allá en la luz de América.
Era pues, era pues, ¡oh pues de México!,
un domingo de múltiples disfraces.
Carnaval, carnaval cascabelero
de estallantes colores.
Anduve yo por Cádiz tejiendo sentimientos
y arco iris de intensas fantasías,
de murgas, de tronantes chirigotas,
de cervezas de oro y pescadito frito.
Y gente y gente y gente y gran gentío.
Anduve, pues, por Cádiz y descubrí el pasado.
El pasado, el pasado fieramente presente,
y que por más y más muerto que nos parezca,
aquel Domingo de Carnaval en Cádiz,
y aquí lo testimonio, estaba, estaba, sí,
y ahora digo que estuvo, y estará,
ya por siempre, en las líneas
torcidas y derechas de mi viva memoria.
Del libro DICHOS Y CAPRICHOS DEL COPLERO de
JUAN CERVERA -México-
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