Son las manos tan divinas
que acariciando dan ganas,
avivan las luces vanas
de los ojos las retinas.
A los poros alteremos
y a la peca más oculta
con caricia encontramos,
mientras temblor nos abulta.
Pues complementa ilusión
otro cuerpo con su vaivén,
que aunque apretado esté
los dos están al mismo son.
Hasta el aire besos siente
y a las voces en griterío,
el sudor como el rocío
baña la piel muy caliente.
Las dos miradas de frente
con los ojos encandilados,
como peñascos apiñados
hacen del amor presente.
CLOTILDE ROMÁN
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