lunes, 23 de febrero de 2015

AQUELLA FAROLA


Farola nocturna,
de luz mortecina,
perdida callejuela,
donde te besé.
Mi mano en tu mano,
mi alma en la tuya
¡éramos muy jóvenes!,
La felicidad eterna,
la vida comenzaba
¡todo era posible!,
alcanzable, realizable.
Incluso aquel amor,
era algo como eterno,
sin principio ni fin.
Pasaban los días,
se sucedían las noches.
Y todo se fundía,
entre nosotros dos.
Farola nocturna,
de luz mortecina,
bajo la que caminé,
en este día de hoy.
Me recordó otra luz,
mucho más brillante,
de otra noche que viví,
cuando te besé...
Hoy ya no te beso,
bajo luz alguna.
La juventud lejana,
perdida en el tiempo,
nos apago aquel brillo.
Y como esta farola,
con su luz difuminada,
alumbra los recuerdos,
de un ayer idealizado.
Creando con sus sombras,
en un suelo muy gris,
espectros del pasado,
que creímos  olvidados.
¡Hay tantas farolas,
en calles perdidas!,
iluminando noches,
recuerdos olvidados,
de vidas ya vividas,
a jóvenes que fuimos.
Su luz nos entristece,
al pasar bajo ellas,
causando un dolor,
sordo y muy extraño,
mezclado con la miel,
de los dulces recuerdos,
de nuestra juventud.
Fantasmas olvidados,
que llegan en la noche,
enredados en farolas,
que vamos dejando atrás.
A veces de la mano,
y otras, en soledad...

MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ -Barcelona-

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